Agencia Excélsior|Ciudad de México
El Atlético tumbó al Real Madrid y abrió viejas heridas al mismo tiempo. No fue un buen domingo para los merengues, para ninguno, mucho menos para Jude Bellingha, que en el campo chocó de nueva cuenta con algunos argentinos que le recordaron que en el Mundial, también perdió con ellos.
Apenas un mes después de vestirse con las rayas del Atlético de Madrid, Cristian Cuti Romero descubrió que el Estadio Metropolitano no es lugar para la diplomacia, sino un teatro hecho a la medida de su pulso. Le jugó rudo nuevamente a los rivales y en una fuerte acción se llevó la amarilla de Bellingham.
El del Real Madrid se enfrascó en una pelea con Giuliano Siemeone y después apareció el Cuti Romero para llamarlo llorón.»Llorón, lloraste con Argentina, eres un llorón, cerrá la boca».
¿Cuál es la historia entre el Cuti y Bellingham?
En julio pasado, en las semifinales de la Copa del Mundo se presenció de nuevo la encarnizada batalla en la que Argentina doblegó a Inglaterra. Aquella tarde, entre el calor sofocante y el barro de las disputas, Romero y Bellingham se midieron con la ferocidad de dos animales territoriales. Esa disputa la trasladaron a Madrid.
En el minuto 37 de su primer derbi, en un balón dividido, el central cordobés fue con la suela desplegada como un abanico de hierro. El impacto seco sobre la pierna del inglés estremeció la hierba. Hubo un alboroto de camisetas blancas exigiendo la tarjeta roja, un diálogo tenso en el monitor del VAR y, finalmente, un fallo que dejó la acción en una severa amonestación.
Al final el Madrid perdió algo más que un Derbi, sin la credibilidad del proyecto de José Mourinho que como suele suceder e hizo desde su primera etapa, pone los cañones hacía el arbitraje. Esta vez, sus jugadores lo respaldan. Una fuerte entrada de Kang-in Lee a Valverde no se juzgó como expulsión y Bellingham juraba que la de Romero era también acreedora de tarjeta roja. «¡Qué vergüenza, Madre mía!, dos rojas tenían para sacar, dos… hijos de la gran puta», les gritó el inglés camino al vestuario a los silbantes.


