NASA y expertos proponen reglas éticas para la concepción y fertilidad en el espacio

La salud reproductiva en el espacio: un desafío urgente ante la expansión humana más allá de la Tierra

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Agencia Excélsior|Ciudad de México

A medida que los  vuelos espaciales comerciales  se acercan y el tiempo que se pasa en el espacio se prolonga, la salud reproductiva más allá de la Tierra deja de ser una cuestión teórica y se vuelve  “urgentemente práctica”, según un nuevo estudio internacional de la NASA.

El trabajo, publicado en la revista revisada por pares  Reproductive Biomedicine Online, fue realizado por nueve autores expertos en  salud reproductiva, medicina aeroespacial y bioética, y propone un marco de colaboración para guiar la próxima generación de investigación reproductiva en entornos espaciales.

Un cruce entre avances históricos y nuevas realidades

Giles Palmer, embriólogo clínico de  International IVF Initiative Inc., explica:

“Hace más de 50 años, dos avances científicos transformaron lo que se creía biológica y físicamente posible: el primer alunizaje y la primera prueba de fertilización humana in vitro. Hoy, estas revoluciones, una vez separadas, están colisionando en una realidad práctica: el espacio se convierte en un lugar de trabajo y un destino, mientras las tecnologías de reproducción asistida se vuelven altamente avanzadas, automatizadas y accesibles.»

A pesar de estos avances,  no existen estándares globales para gestionar los riesgos reproductivos en el espacio, incluyendo:

Embarazos tempranos involuntarios durante vuelos espaciales.

  • Impactos de la radiación y la microgravedad sobre la fertilidad.
  • Límites éticos en investigaciones futuras relacionadas con la reproducción.

El informe no busca promover la concepción en el espacio, sino  destacar los riesgos previsibles  para los viajeros espaciales y señalar las lagunas científicas y éticas que deben cerrarse antes de posibles daños irreversibles.

      • Riesgos biológicos y brechas de conocimiento

El espacio, descrito como  “un entorno hostil para la biología humana”, presenta desafíos como:

  • Gravedad alterada  que afecta procesos reproductivos.
  • Radiación cósmica, que puede alterar ciclos menstruales y aumentar riesgos de cáncer en modelos animales.
  • Alteración circadiana, que afecta la salud general y reproductiva.

Aunque los datos de astronautas femeninas en misiones del transbordador indican tasas de embarazo y complicaciones comparables a las de la Tierra,  poco se sabe sobre misiones prolongadas ni sobre la fertilidad masculina, dejando vacíos críticos en el conocimiento sobre los efectos acumulativos de la radiación.

      • Tecnologías reproductivas en entornos extremos

Actualmente,  el embarazo sigue siendo una contraindicación para vuelos espaciales, y la menstruación se maneja mediante métodos hormonales. Sin embargo, algunas  tecnologías automatizadas de reproducción asistida (TRA)  pueden adaptarse a la investigación y práctica en el espacio, incluyendo:

  • Preservación de gametos.
  • Cultivo de embriones.
  • Análisis genético automatizado.

Palmer señala:

      • “La TRA es altamente transferible porque resuelve situaciones donde la reproducción es biológicamente posible pero limitada por el entorno, la salud o el tiempo, restricciones que ya existen en la Tierra.»

Aunque hoy la reproducción humana en el espacio pertenece más a la ciencia ficción, la perspectiva plantea  consideraciones éticas importantes, desde la revelación de un embarazo en viajeros espaciales hasta la investigación genética, un área donde aún no existen directrices claras.

      • Urgencia ética y científica

El informe subraya que la  acción anticipada es clave, no porque la reproducción asistida en el espacio sea inminente, sino porque el tiempo para establecer límites se está cerrando. Giles Palmer explica que estas tecnologías se incorporan de forma gradual y muchas veces justificadas a posteriori.

Fathi Karouia, autor principal e investigador de la NASA, enfatiza:

      • “A medida que se expande la presencia humana en el espacio, la salud reproductiva ya no puede ser un punto ciego en las políticas. Se necesita colaboración internacional para cerrar brechas críticas de conocimiento y establecer directrices éticas que protejan a los astronautas y a la humanidad en general.»

Actualmente, organismos como  NASA y ESA  han comenzado a desarrollar marcos de investigación y ética espacial, pero aún  no hay consenso global ni protocolos aplicables a vuelos comerciales o misiones de larga duración.

Conclusión:  La expansión humana más allá de la Tierra convierte la salud reproductiva en un desafío  práctico y urgente, donde la ciencia, la ética y la tecnología deben avanzar juntas para prevenir riesgos irreversibles y garantizar la seguridad de los viajeros espaciales en el futuro cercano.

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