La paz como derecho humano. Juventudes y construcción de paz

Donde regresa la presencia institucional, baja la deserción, se contiene la exposición a la violencia y se recupera la vida comunitaria

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Por Jorge Luis Llaven Abarca

Este año es inadmisible querer tratar a las juventudes como problema. México se juega hoy si sus jóvenes serán fuerza creadora o botín capturado por el miedo y la violencia. Con la visión humanista de la presidenta Claudia Sheinbaum, este sector estratégico es sujeto de derechos y eje de paz. Llegar primero a la vida de los jóvenes es hoy una tarea vital del Estado.

Las juventudes enfrentan una disyuntiva profunda: estudiar, trabajar y construir un proyecto de vida, o simplemente sobrevivir al día. Donde el Estado está ausente, la violencia llega; disputa territorios, recluta jóvenes y secuestra tiempo y futuro.

La evidencia es clara. Donde las juventudes quedan fuera del sistema educativo, laboral y comunitario, los indicadores delictivos se potencian. Datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM, Balance Anual 2025) señalan que el 47% de los jóvenes que terminan en las filas del crimen abandonaron su hogar por violencia familiar o falta de sustento, y que el 26% comenzó a trabajar antes de los 12 años.

Por eso, invertir en jóvenes, en familia y en comunidad no solo reduce la estadística social, reduce delitos, fractura las cadenas de la criminalidad y fortalece la paz desde abajo.

Frente a esta realidad, la respuesta nacional ha sido contundente. La presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado a las juventudes en el centro de la política pública, fortaleciendo programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, Jóvenes Unen a México, Vivienda para Jóvenes y la educación superior masiva (con la consolidación de las universidades Rosario Castellanos y de la Salud), así como el deporte y la cultura como escudos de prevención. Se trata de ampliar apoyos y, sobre todo, de construir trayectorias de vida con identidad y voz. Llegar antes con derechos es hoy la forma más eficaz de prevenir la violencia.

En Chiapas, la apuesta es visible y concreta. Juventudes con futuro es un pilar de la construcción de la paz. El gobernador c ha entendido que el reto de la seguridad también es de oportunidades, identidad y arraigo. Por ello, la política juvenil articula alfabetización, permanencia escolar, capacitación, empleo temporal y diálogo comunitario.  El objetivo es llegar antes, antes del abandono, antes del reclutamiento y antes del miedo.

Los resultados comienzan a sentirse. Donde regresa la presencia institucional, baja la deserción, se contiene la exposición a la violencia y se recupera la vida comunitaria. No es solo una gestión administrativa eficaz, es un cambio en la ecuación de la violencia, donde la prevención empieza a ganarle terreno a la incidencia delictiva.

La paz se construye con decisiones que llegan a tiempo. Apostar por las juventudes es hoy la política de seguridad más inteligente y más humana. Cuando el Estado llega primero con derechos, oportunidades y confianza, los jóvenes dejan de ser territorio en disputa. En Chiapas, esa ruta ya está en marcha, porque creer en las juventudes es, hoy, la forma más firme de construir paz con rumbo claro.

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